“… Pero para ser fuertes hay que amarse a uno mismo; para amarse a uno mismo hay que conocerse a fondo, saberlo todo acerca de uno, incluso las cosas más ocultas, las que resultan más difícil aceptar. ¿Cómo se puede llevar a cabo semejante proceso mientras la vida te arrastra hacia delante con su estrépito? Puede hacerlo desde el comienzo solamente quien está provisto de extraordinarias dotes. A los mortales corrientes, a las personas como yo, no les queda otro destino que el de las ramas y los envases de plástico. Alguien –o el viento- , de pronto, te arroja a la corriente de un río: gracias a la materia de que estás hecha, en vez de hundirte, flotas; eso ya te parece una victoria y por lo tanto, inmediatamente, empiezas a viajar, te deslizas veloz según la dirección que te impone la corriente; de vez en cuando, a causa de alguna maraña de raíces o de alguna piedra, te ves obligada a detenerte; allí permaneces un tiempo, golpeada por las aguas agitadas; después el agua sube y te libera, avanzas nuevamente; cuando la corriente es tranquila te mantienes en la superficie, cuando hay rápidos el agua te sumerge; no sabes hacia dónde estás yendo ni te lo has preguntado nunca; en los trechos más tranquilos tienes ocasión de observar el paisaje, las riberas, los matorrales; más que los detalles, ves las formas, los colores, vas demasiado rápido para ver más; después, con el tiempo y los kilómetros, las riberas son cada vez más bajas, el río se ensancha, todavía tienes márgenes, pero por poco tiempo. “¿A dónde estoy yendo?”, te preguntas entonces, y en ese momento se abre ante ti el mar…”
Como veréis en este artículo que publico hoy no utilizo mi blog para compartir mis fotos como suele ser habitual. En esta ocasión he querido compartir un fragmento de un libro que me ha dejado una gran amiga, Bego, y que estoy leyendo actualmente. Se titula “Donde el corazón te lleve” (Susana Tamaro), y aunque aun no lo he acabado me aventuro a recomendarlo porque me ha gustado lo que hasta hoy he leído. Desde mi modesta opinión diría que es uno de esos libros que invitan a la reflexión, que hace que te plantes cosas que quizás nunca te habías planteado, y que de algún modo te puede ayudar a vivir mejor o a ser mejor persona. He elegido este pequeño fragmento quizás porque me he sentido identificada con él. Ciertamente la vida se asemeja a un río que te va arrastrando a su antojo. Pasas años, muchos años en los que nada cambia en tu vida, los días, las semanas, los meses parecen iguales y no sucede ningún acontecimiento extraordinario que la haga diferente, te vas dejando llevar sin dejar de ser consciente de que tu vida es monótona e incluso aburrida en ocasiones. De repente y sin esperarlo algo sucede y todo empieza a cambiar. En un breve periodo de tiempo y sin que te des cuenta empiezan a surgir todos esos cambios que de alguna manera estabas deseando que sucedieran. Muchos cambios, uno detrás del otro, y a tal velocidad que casi te es imposible asimilarlos todos… Los que me conocen bien saben de lo que hablo…
Nota: Bueno, como no podía ser de otra manera, he aprovechado para poner en este artículo una de mis fotos que me pareció apropiada para la ocasión.